Nuevo día de partido, y nuevamente, poco originales que somos, esperamos el pistoletazo de salida, el puñetazo en la mesa, que la máquina empiece a funcionar y demás zarandajas. Y sin embargo, salvo el pequeño gran desaguisado que hay que arreglar en la Champions (¡lo que hace una inesperada derrota en casa!, porque el resto de los resultados entraban dentro de la lógica y eran asumibles), los números no son tan malos. En algún caso, incluso mejores que los del año anterior. ¿Quién tiene razón, pues? ¿Guardiola, al decir que los goles acabarán cayendo, que a Messi e Ibrahimovic no les pasa nada, que se juega mejor que el año pasado? ¿O el preocupado aficionado culé (y el regocijado anticulé también) que piensa que el equipo no rula bien, que falta fluidez, juego por las alas y resolución final?
Todo es discutible y opinable, desde luego. Pero si comparamos las prestaciones de jugadores claves este año y el pasado, la diferencia es abrumadora. Pensemos en Alves, en Messi, en Henry o en Iniesta. Y ahí surge el problema. Comparar. Tenemos muy reciente aún la temporada gloriosa del triplete, esa que no olvidaremos jamás. El listón está tan alto, nuestras ilusiones tan elevadas, que cualquier bajón, pequeño o grande, en el rendimiento del equipo nos deja preocupados, cuando no decepcionados.
Al final, como apuntaba en un envío el otro día, va a resultar que el enemigo del Barça está dentro. El Barça 2009-2010 tiene que enfrentarse, aparte de a sus rivales en competición, al recuerdo del Barça 2008-2009. Y ese es el rival más peligroso y dañino que pueda tener. Si la temporada anterior hubiera sido un fracaso en juego y/o resultados, estaríamos dando saltos mortales de alegría con los números actuales. E incluso también con el juego. Porque es verdad que el Barça controla los partidos como nadie en el mundo lo puede hacer. Sólo le falta ganar profundidad, que la horizontalidad se vuelva verticalidad. Con la calidad que se supone a sus jugadores, es cuestión de tiempo que eso ocurra. Eso espero, al menos.
Pero claro, comparamos lo que pasa este año con el anterior, cuando tras un mínimo comienzo renqueante el equipo empezó a maravillar, y surgen las dudas, cuando no los enfados. Andábamos muy ufanos este verano, sin preocuparnos de los fichajes de tito Floren, porque decíamos que manteníamos la plantilla (caso Eto’o-Ibra aparte) y el estilo triunfadores de la temporada anterior, adherezados con las joyas de la cantera en camino, y quizá olvidábamos que ese optimismo se podía volver en nuestra contra a la primera desilusión. Eso sin contar con que las circunstancias no son las mismas. Ya no existe el factor sorpresa, nuestros rivales nos conocen bien; los jugadores tienen un año más, y a partir de cierta edad eso es clave; empezamos la temporada con un trimestre en el que se dirimen tres títulos menores (las supercopas y el mundialito), pero de prestigio, para adornar el palmarés; tenemos a comienzo del segundo trimestre la Copa África y en la puerta de salida de la temporada todo un Mundial. Todo esto va a afectar al rendimiento de los jugadores.
Las circunstancias son diferentes, pues, y las afrontamos además con una plantilla demasiado ajustada, ya sea por desidia del cuerpo técnico (como cree uno) o porque no se pudo hacer más. Así que más nos valdrá aparcar el triunfalismo, incluso el optimismo, y pensar que hay muy pocas posibilidades de que este año vaya a ser como el pasado. Pero no pensarlo de boquilla, sino de verdad. No exigir maravillas al equipo. Volver a la filosofía del “partido a partido”, y ver dónde nos lleva. Reclamar lo mínimo, o sea, entrega y lucha, y ver si poco a poco la calidad vuelve a salir a flote. Tener bien claro que es muy raro, y sobre todo en año pleno de competiciones de selecciones, que un equipo repita un dominio apabullante en todas las competiciones que disputa. Posible, por supuesto, porque como tantas veces repetimos, el fútbol no es una ciencia exacta. Pero no tenemos que exigirlo. No debemos.
En suma, más nos vale enterrar los fantasmas del pasado, doblegar ese enemigo interno de 2008-2009 que tanta alegría nos dio, pero que este año puede ser como una losa bajo las que queden enterradas nuestras ilusiones.
Adeu i bona sort.
Addenda: espero que los habituales habrán leido mi post en El Banquillo Visitante sobre la estrafalaria actitud de la LFP ante la posible derogación de la “ley Beckham”… Como era de esperar, el impresentable Astiazarán ha dado pasito atrás y por ahora tendremos Liga. Faltaría más. Eso sí, con el parentésis por selecciones, surgirá de nuevo la discusión y, me temo, volverán más o menos las amenazas vacuas. Por ello, cuanto más pasa el tiempo, más me reafirmo en mis ideas y más me alegro de que el gobierno haya tomado medidas. Aunque sean incluso cortas para mí, porque habría una moratoria de cinco años para los jugadores con contrato anterior a la fecha de aplicación de la nueva ley, 1-1-2010, que seguirían tributando como antes… en fin… de todos modos, será muy divertido ver si la LFP sigue en sus trece y convoca un cierre patronal, mientras que el sindicato de futbolistas, la AFE, al igual que algunos jugadores tan carismáticos como Casillas o Raúl, ya se han pronunciado a favor de la nueva ley… Todavía nos vamos a reir mucho… de alegría o por no llorar, eso está por ver. Entretanto, les recomiendo que lean el artículo de hoy de Martí Perarnau en Sport… Lo suscribo por completo. Y espero que ustedes también.






2 comentarios:
Henry, Iniesta, Alves, Messi, Touré son jugadores claves que no están bien fisicamente ni psicológicamente. Esperemos ver pronto al GRAN BARÇA ;)
Saludos.
http://gabriela89miranda.blogspot.com/
Desde que supe la plantilla con la que afrontaríamos esta temporada y teniendo en cuenta lo difícil que es repetir lo de la temporada pasada, llegue al convencimiento de que esta temporada me conformo con 1 título de los grandes; y me quedo con la Liga.
Solo pido que el equipo juegue bien y luche, no les voy a exigir otro triplete. Con estas premisas creo que la temporada será más llevadera.
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