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Esta es la bitácora de un culé. Así que verán ustedes mucha pasión blaugrana y aunque se pretenda ser objetivo, es posible que haya poca, por no decir nula, imparcialidad. También verán las neuras que acompañan al ser aficionado de un equipo, como son las puyas, sornas e inquinas contra los rivales.
Pero lo que también verán es respeto. No verán insultos ni descalificaciones. Visión sesgada, posiblemente. La paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, muy probable. Pero esto no deja de ser un juego y aquí no hay enemigos, sino rivales.
Por ello, aunque no he habilitado moderación de comentarios, para facilitar las cosas a los pocos visitantes que uno pueda tener, no dudaré en empezar a editar o incluso suprimir todo aquello que huela a odios irracionales e insultos y faltas de respeto innecesarios. No me molesta en absoluto perder visitantes que hagan del insulto su bandera. No hago este blog para engordar una lista de visitas. Escribo aquí para hablar de algo que me apasiona, el fútbol, con gente con la que se pueda discutir tranquilamente, incluidos los que no estén de acuerdo conmigo.
Tampoco se admitirá propaganda de sitios web, a no ser como enlace que ilustre alguna opinión sobre los posts enviados.
Que quede bien clarito.

Por lo demás, expresen en los comentarios sus opiniones, ruegos o quejas, o si lo prefieren, envíenmenlas aquí.

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"¿Hay algo peor para un madridista que presenciar este recital de fútbol?"

Feliciano López, tenista y madridista, 29-5-2011

(Uno que no es del sector mourinhista. Menos mal. Igual aún hay esperanza para ellos.)

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Pa echáse unes rises... si fante ilusión les olimpiades n'Asturies, clica la imaxen, oh...


No es la primera vez. Tampoco será la última. Los árbitros no sólo deben controlar la aplicación del reglamento, sino también el comportamiento de los jugadores y afición en los estadios. Cualquier actitud xenófoba, racista, irrespetuosa y no digamos incitadora a la violencia debe ser castigada sin miramientos ni piedad. La cuestión es que si se va a hacer con una, se debe hacer con todas. Y si se va a hacer, debe haber pruebas concluyentes. Si no las hay, la autoridad del árbitro no debe ser cuestionada.


El 6 de febrero de 1977 el Barça jugaba ante el Málaga, en la jornada 21. Los culés eran líderes de la Liga. El árbitro del partido en cuestión tuvo una actuación que en el mejor de los casos podría ser calificada de "discutible", con unas cuantas jugadas polémicas en el área malacitana: posibles penalties no señalados, gol anulado... Aunque poco discutible era el hecho de que había concedido un gol al entonces malaguista Esteban, marcado ostensiblemente con la mano, y, por si fuera poco, en claro fuera de juego. Se pueden imaginar las protestas de los jugadores culés. Al entonces capitán blaugrana, Cruyff le cayó primero una tarjeta amarilla por protestar una de las decisiones arbitrales, y otra, con la consiguiente roja, por reiteración de las mismas. La cosa acabaría como el rosario de la aurora, con lamentables y despreciables incidentes como la agresión de un pseudoaficionado al árbitro, Melero Guaza, o la quema de una furgoneta televisiva. Tienen ustedes la historia en este vídeo, y tambien en estos enlaces a la hemeroteca de EMD (archivos pdf).

Pero resulta que luego nos enteramos de que la segunda tarjeta a Cruyff en ese partido, la que determinó su expulsión, fue, según la versión arbitral, porque el jugador holandés le había insultado gravemente, llamándole "hijo de puta" o "hijo de la gran puta". La defensa de Johann fue que para nada se había dirigido al árbitro y que en realidad estaba hablando con su compañero de equipo Manolo Clarés, a quien presuntamente le urgía que mejorase en los marcajes por su banda con las palabras "Manolo, marca ya".

El Barça ganó ese partido y siguió lider, con un punto de ventaja sobre el segundo, el Atlético de Madrid. Pero Cruyff fue sancionado con tres partidos, hasta la jornada 24. En dichos partidos el Barça, privado de su figura y capitán, sólo consiguió un punto de los seis posibles, un empate contra el Atleti en el Camp Nou, al que precedieron sendas derrotas ante el Athletic de Bilbao, en casa, y ante el Salamanca, a domicilio. Tras esas tres jornadas, el Barça acababa segundo, a dos puntos del equipo del Vicente Calderón. Los blaugranas, entonces entrenados por Rinus Michels, perdieron el liderato en la jornada 22 y no lo recuperarían, acabando la liga segundos, a un punto del campeón Atlético de Madrid.

Ya en su momento dudé mucho de las palabras de Cruyff. Me parecía ilógico que fonéticamente se confundiera un "Manolo marca ya" con un "Melero hijo de puta" o frase similar, y también ilógico que en pleno rifirafe de protestas contra la decisión arbitral de repente al capitán culé se le ocurriera pedir a un compañero que mejorara el marcaje. Pero lo importante, fuera lo que fuera que pasara, es que, a falta de pruebas más concluyentes, sin vídeos ni documentos similares, prevaleció la palabra del árbitro y el comité actuó en consecuencia. Lógico.

Casi 35 años después, tenemos otro partido con polémicas arbitrales, agravadas por enfrentamientos entre jugadores. Y de nuevo, una posibilidad de sanción que depende de las palabras que en realidad dijera un jugador. Aquí si que hay en las dos versiones dos palabras que fonéticamente son casi iguales, "mono" y "morro". Y también hay pruebas que se pueden estudiar.

Lo que pasa es que es difícil verificar lo que se dijo en realidad. Está por un lado el jugador implicado, Busquets, y su equipo, que afirman una cosa. Y por otro, y aquí hay otra diferencia con el caso "manolo marca ya", no está la versión arbitral, sino la del jugador y equipo demandantes, y ofendidos por el presunto insulto. Una palabra enfrentada a otra. Y el vídeo no parece concluyente. El otro día veía por una cadena de televisión, Antena 3 si no recuerdo mal, un minirreportaje en el que varios expertos en lectura de labios, incluyendo alguna persona sorda, no se ponían de acuerdo en la interpretación. Unos corroboraban la versión merengue, otros la blaugrana.

Así que la decisión queda en manos de la UEFA. Si deciden que la prueba es concluyente para demostrar que hubo insulto racista, deben aplicar la reglamentación sin dudar. Sanción ejemplar, sin lugar a dudas. No debe haber lugar a comportamientos racistas o xenófobos en el deporte. Pero si tienen la más mínima duda, debe prevalecer, como ocurrió hace 35 años, lo reflejado en el acta arbitral, que para nada habla de ese insulto.

Personalmente, no creo que Busquets, y de hecho ningún futbolista, sea racista o xenófobo. Sería estúpido, teniendo en cuenta la amalgama de razas, ideologías, creencias y nacionalidades que son ahora los equipos de fútbol. O sea que no me parece lógico que el de Badía insultara a Marcelo con un epíteto racista. Pero también creo que en el calor de un partido de fútbol, y mucho más uno tan rastrero como fue el polémico clásico de marras, puedes perder el oremus y buscar el insulto, la ofensa más dañina para el contrario. Ha ocurrido infinidad de veces, y en este caso pudo volver a ocurrir. En resumen, que no sé que pensar.

Lo que si tengo claro es que el Madrid, con su denuncia, y también la UEFA, con su previsible decisión sancionadora, han abierto una caja de Pandora muy problemática: la posibilidad de rearbitrar el partido, de aplicar sanciones por cualquier comportamiento xenófobo o racista tras una demanda interesada de cualquiera. Cuando una afición insulta a un jugador porque es bajito, o de una nacionalidad o raza concreta, y el árbitro no lo refleja en acta, automáticamente puede haber una demanda para que las autoridades deportivas actúen. Cuando un jugador se dirige a otro en el terreno de juego, y las cámaras den a entender que pudo haber cualquier tipo de ofensa, pueden llegar demandas en el mismo sentido.

Volvemos a lo de siempre: por un lado, el cuestionamiento de la labor arbitral no por expertos, sino por partes interesadas como equipos o prensa afín; por otro, la necesidad de que si aplicas una regla, estás en la obligación de aplicarla en toda ocasión.

La solución a este asunto, entre hoy y mañana. Entretanto, el Barça puede verse privado para la final en Wembley no de un jugador tan esencial como Cruyff en su momento, pero sí de un jugador importante. Y esto puede causar el jolgorio de unos y la ira de otros.

Qué mundo este.

Adeu i bona sort.

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