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Esta es la bitácora de un culé. Así que verán ustedes mucha pasión blaugrana y aunque se pretenda ser objetivo, es posible que haya poca, por no decir nula, imparcialidad. También verán las neuras que acompañan al ser aficionado de un equipo, como son las puyas, sornas e inquinas contra los rivales.
Pero lo que también verán es respeto. No verán insultos ni descalificaciones. Visión sesgada, posiblemente. La paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, muy probable. Pero esto no deja de ser un juego y aquí no hay enemigos, sino rivales.
Por ello, aunque no he habilitado moderación de comentarios, para facilitar las cosas a los pocos visitantes que uno pueda tener, no dudaré en empezar a editar o incluso suprimir todo aquello que huela a odios irracionales e insultos y faltas de respeto innecesarios. No me molesta en absoluto perder visitantes que hagan del insulto su bandera. No hago este blog para engordar una lista de visitas. Escribo aquí para hablar de algo que me apasiona, el fútbol, con gente con la que se pueda discutir tranquilamente, incluidos los que no estén de acuerdo conmigo.
Tampoco se admitirá propaganda de sitios web, a no ser como enlace que ilustre alguna opinión sobre los posts enviados.
Que quede bien clarito.

Por lo demás, expresen en los comentarios sus opiniones, ruegos o quejas, o si lo prefieren, envíenmenlas aquí.

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"¿Hay algo peor para un madridista que presenciar este recital de fútbol?"

Feliciano López, tenista y madridista, 29-5-2011

(Uno que no es del sector mourinhista. Menos mal. Igual aún hay esperanza para ellos.)

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Tengo un pálpitu
Pa echáse unes rises... si fante ilusión les olimpiades n'Asturies, clica la imaxen, oh...
Foto AP/Matt Dunham en Le Monde
Las palabras sinceras, respetuosas pero plenas de esperanza de Abidal resultaron proféticas. Ese "Ganará el mejor, y ojalá seamos nosotros" debería convertirse en el mantra del tercer acto de esta obra de teatro majestuosa, con los tintes de la mejor épica shakesperiana, que están escribiendo Pep Guardiola y sus jugadores bajo el mecenazgo de Laporta antes y Rosell ahora.  El jugador francés, además, se ha convertido en el símbolo de otra temporada triomfant, por lo inesperado de su enfermedad, paradigma de los muchos problemas que ha sobrellevado el Barça este curso, por su inesperada y portentosa recuperación, por su partidazo ayer en Wembley y por el detalle que le regalaron Puyol y sus compañeros para que protagonizara la foto más ansiada por cualquier jugador cada año...

Sí, fuimos los mejores. Con más claridad y mejor juego que en las anteriores citas que nos trajeron la gloria europea. Mejores que el dream team de Wembley versión 1.0, indudablemente. Que el equipo de la sonrisa de Ronaldinho en París, no cabe duda. Y, por supuesto, que el de Roma, con un equipo hecho a girones y soluciones improvisadas. Ayer, la única sorpresa inesperada fue la ausencia de un no recuperado Puyol, que forzó la presencia de Mascherano, de nuevo, en el centro de la defensa y la responsabilidad máxima de Abidal en el lateral izquierdo.

Y, sin embargo, el partido empezó con esa sensación de déjà vu raramente placentera. El ManU empezó como en Roma, encerrando al Barça en su área, impidiéndole realizar su juego. Fue poco tiempo, diez minutos, pero suficientes para instalar la duda en la afición culé. Pero había diferencias: por un lado, los ingleses no crearon demasiado peligro, a excepción de una internada rápida que desbarató Valdés con una portentosa salida. Y el Barça no despertó a base de ningún latigazo como el gol de Eto'o en la anterior final, sino poco a poco, saliendo de la cueva con hambre de balón, dispuesto a demostrar a los de Ferguson, y al mundo entero, que hoy por hoy, bajo la dirección del mariscal Xavi y el estilista Iniesta, son los artistas de este espectáculo llamado fútbol.

Y empezaron a llegar las ocasiones. Sobre todo de Messi, Villa o Pedro, ese MVP futbolístico que se había adormecido este semestre y que ayer salió de su letargo con todo su esplendor. Cualquiera pudo haber abierto el marcador, pero la mala fortuna o el siempre eficiente Van der Saar se cruzaron en el camino. Hasta que una asistencia imperial de Xavi llegó al jugador canario, que cumplió con su ya habitual cita goleadora en las finales.

A raíz del gol llegó el único error blaugrana en la final. No creo que fuera producto de una satisfacción conformista, ni siquiera de la necesidad de administrar fuerzas. Más bien creo que fue un sopor pasajero, producido por la inmensa borrachera de alegría que supuso el gol de Pedro. Fuera como fuese, el Barça reculó y por breves momentos el ManU recuperó la pelota, y a base de juego directo e internadas veloces puso a los de Pep en las únicas dificultades del partido. Tardaron siete minutos en empatarlo.

Si algo tuvo de bueno esto, y el final de una primera parte que había pasado como un suspiro, fue que los jugadores culés debieron advertir que de ninguna manera se podía dejar la iniciativa a los de Ferguson. Primero, porque éstos son peligrosos incluso cuando están en un mal momento; segundo, porque este Barça no puede, no debe, no sabe jugar especulando.

Así que el Barça salió en la segunda parte dispuesto a resolver el partido atacando y dominando la pelota, en ese juego de filigranas y arabescos que no han inventado, pero que sí han llevado a su máxima expresión. Xavi dirigía, Iniesta era el estilete, Piqué y Mascherano eran la puerta cerrada a cualquier intentona inglesa, Busquets era la escoba que barría para que los artistas encontraran el suelo limpito, Abidal y Alves eran los dueños y señores de las bandas, Villa y Pedro bullían incansablemente intercambiando posiciones y Messi... era Messi.

No se puede definir de otro modo al argentino. En la máquina perfecta que fue el Barça de ayer en la segunda mitad, esa máquina que sólo apareció este año en contadas ocasiones de la primera vuelta de la Liga, Messi fue el engranaje que hizo mover el motor. No sólo porque con sus individualidades podía inclinar el partido hacia el lado blaugrana, sino porque hacía jugar a sus compañeros. Ayer vio uno el que puede ser el siguiente paso en la evolución de Leo, y sí que empecé a creerme que puede llegar a ser el mejor de la historia.

Un pase aparentemente (ojo, sólo aparentemente) inocuo de Iniesta, uno más en el rondo interminable, se convirtió en el interruptor que hizo "clic" en el argentino, que en su jugada más típica se libró en dos o tres latigazos de genio de los defensores para encontrar al borde del área inglesa el lugar ideal para encajar el disparo que desarboló al portero del Manchester. Ahí, aunque no lo supimos hasta más tarde, la Copa de Europa fue nuestra.

El Barça no cayó en el error de la primera parte tras el gol. Bajó un poquito las revoluciones, eso sí, para tomarse un respiro, pero no dejó que el ManU recuperara el control de la pelota. Presionó, hizo fluir el juego más lentamente, pero siguió siendo el dueño del partido. Hasta que, otra vez descansado, volvió a apurar las posibilidades de este maravilloso juego que han patentado, y en otra jugada típica el balón acabó llegando a Villa, que también desde el borde del área fusiló implacablemente a Van der Saar y se reivindicó como el delantero ideal para el Barça tras un trimestre difícil y duro para el asturiano...

Con la euforia de la victoria, con la alegría que nos embarga, es difícil dar notas a los jugadores. Dan ganas de dar un sobresaliente general a todos, incluyendo los que salieron de refresco al final, porque la Copa es de todos ellos. Todos han contribuido. Incluso Afellay, que sólo estuvo dos minutos, tuvo tiempo de poner a prueba al portero holandés del ManU, en una jugada que de haber acabado en gol habría sido el éxtasis... por no hablar de la entereza que da Keita al juego culé cuando hace falta y la aparición gloriosa de Puyi, ovacionado por su afición y que marcó el auténtico gol de la jornada cuando cedió los galones de capitán a Abidal para que éste recogiera el trofeo de trofeos...

Aún así, se siento uno un poco obligado a dar los merecimientos correctos a cada uno. Dentro del sobresaliente general, den la matrícula, el cum laude y todos los honores que quieran a Messi. En un segundo nivel, los esplendorosos Xavi y Abidal. Por detrás, Villa, Pedro e Iniesta, muy seguidos por Busquets. Para terminar, los inexpugnables, o casi, Piqué, Mascherano, Alves y Valdés. Todos ellos son parte ya de la leyenda...

Así están las cosas. El pionero fue el Madrid de di Stefano, el primer grande. Tras un inciso con reyes variados, llegó la era del norte de Europa, con los reinados de Ajax de Amsterdam primero y luego de Bayern de Munich. Apareció luego la era de los ingleses, comandada por el Liverpool. Tras otro periodo de impasse, apareció el breve, pero fulgurante y espléndido, dominio del Milan de Sacchi. Y desde entonces hemos vivido una sucesión de buenos equipos pero de mando efímero... hasta este momento. La era del Barça. En cinco años, tres títulos y dos veces semifinalista de la competición del glamour. La que no demuestra quién es el mejor, pero sí la que curiosamente otorga ese certificado, sobre todo si va acompañado del título doméstico de Liga. Porque no olvidemos que las tres Champions blaugranas de esta era han sido parte de un doblete. Todo ello junto sí que certifica quién es el mejor del momento.

Vivámoslo y disfrutémoslo.

Visca el Barça!!!

Adeu i bona sort.

Addenda: no quisiera acabar este eufórico envío sin recordar que el Barça de balonmano tiene hoy la oportunidad de añadir una nueva Champions a su palmarés, o que el Barça de baloncesto está inmerso en llegar a la final de la liga ACB. Las palabras mes que un club... en su vertiente deportiva al menos, tienen pleno sentido en el Barça.

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