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Prensa general
La quimera de la ruptura de relaciones
17.5.11 | Publicado por
jordiasturies |
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Andamos todos los culés tan cabreados, estamos tan hartos de las falacias servidas por lo peorcito de la prensa merengue con la aquiescencia -y muchos suponen apoyo directo- de la directiva del club de Concha Espina, nos han llegado tan al alma las actuaciones y declaraciones de directiva, jugadores y técnicos madridistas, que hemos decidido que hasta aquí han llegado las cosas, que más no se puede ni debe aguantar y que se impone una ruptura de relaciones con el Real Madrid.
Pues bien, amén a eso.
Quiero decir, que me parecería genial. Una forma directa de decir a todo el mundo que no queremos nada que ver con ellos. Dignidad y honor por delante de todo.
Ahora bien, ¿qué supone realmente una ruptura de relaciones? ¿Sencillamente que las directivas ya no irían a comer juntitas antes de cada clásico, que ningún directivo rival pisaría los palcos de Camp Nou y Santiago Bernabeu? O sea, que en la típica y añeja postura infantil, ¿ya no "nos ajuntamos"?
O ¿pretendemos algo más? ¿Quizás el abandono de cualquier proyecto conjunto de ambas instituciones, la no participación en ningún negocio que compartan, incluso la oposición a cualquier iniciativa encabezada, o meramente apoyada, por el rival?
Puede que alguien se pregunte qué proyectos, negocios o iniciativas pueden compartir estas dos instituciones tan enfrentadas. Pues bien, hay uno evidente: el fútbol, un deporte devenido espectáculo y negocio del que ambos clubes son dos mascarones de proa. Posiblemente los más importantes, o casi. Pensar que una ruptura de relaciones evitaría que Madrid y Barça fueran juntos en negociaciones que les afectan y pueden beneficiar es una quimera.
Pensemos en los contratos televisivos, en los que ambos equipos deben defender juntos sus derechos frente a las reivindicaciones de los equipos humildes. Pensemos cómo reaccionarían ambos ante un hipotético tope salarial o de precio de traspasos, que también beneficiaría a los clubes con peor economía y perjudicaría indirectamente a los más poderosos. Pensemos en esa por muchos soñada, utópica por ahora, Liga europea, en la que no ir de la mano con los grandes (con Madrid, Barça, ManU, Milan, Bayern, etc.) implicaría quedarse fuera de juego en el negocio.
En los primeros años de la dictadura franquista, los gobernantes pretendieron una ruptura total con el gran enemigo, el bloque comunista. Ni acuerdos políticos ni económicos. En lo deportivo, España se negaba a participar en cualquier competición en la que participasen la Unión Soviética o instituciones de la misma. Hasta que el peso de la vida impuso su ley y se debieron abrir las fronteras en ese sentido. Mientras se le hablaba al sufrido españolito de las maldades de los "rojos", distinguidos gerifaltes y empresarios de la dictadura tenían sus negocietes con la odiada Rusia. Y paulatinamente España se iría incorporando plenamente al mapa deportivo mundial. De hecho, parte de los mayores éxitos del árido deporte español en aquellos años del tardofranquismo se conseguían, para éxtasis de la cúpula fascista, contra el ogro soviético: ahí están los triunfos del Real Madrid de baloncesto en un deporte en el que el bloque comunista en pleno tenía a grandísimos equipos, por no hablar de la Eurocopa de 1964, sí, la del gol de Marcelino en el Bernabeu, ante la URSS, frente al mejor portero de la historia, la araña negra, el gran Yashine, y en presencia ni más ni menos que del líder de la "cruzada", el minigeneralísimo Franco en carne y hueso de dictadorzuelo.
Lo que quiero decir es que cualquier "ruptura de relaciones", hasta la más radical, es imperfecta. El mundo, la vida, dicta sus órdenes, no las personas. Y hasta con el mayor de los enemigos tienes cosas en común que defender juntos. Incluso durante la guerra fría, mientras el planeta se encogía de miedo ante la posibilidad de un conflicto nuclear entre las dos superpotencias, éstas hacían negocios juntas y firmaban acuerdos políticos y económicos.
Por tanto, no pensemos que si se llegara a producir esa ruptura, cada equipo ignoraría olímpicamente al otro. En absoluto. Tienen demasiado en común, demasiados intereses compartidos. Lo cual no quita que, habiendo pasado lo que ha pasado, meramente observar la imagen de Rosell y Florentino comiendo en un restaurante en buena paz y compañía nos produzca urticaria, afecte a nuestro sentido de la estética y que por ello nos conformemos con esta ruptura de relaciones "sociales". Menos da una piedra.
Eso sí, si nos apañamos con este paripé, o incluso si no se produjera dada la hipocresía del mismo por culpa de todos los intereses compartidos... igual podría hacerse otra cosa. Algo incluso más satisfactorio. Un camino que se ha empezado tímidamente y que debería hacerse con todas las de la ley.
¿Acusan al Barça infundadamente de dopaje? Demanda que te crió. Cayendo quien deba caer, desde los periodistas implicados hasta la "fuente" de la directiva merengue. ¿Periodistas de pacotilla que insultan a los culés en general y los catalanes en particular? Toma ya demanda por atentado al honor. ¿Pseudoperiodistas y directivas que sin pruebas fehacientes acusan a jugadores culés de comportamientos racistas o xenófobos, de incitación a la violencia, de insultos a españoles, negros, blancos, azules o amarillos? Demanda al canto. Que el Madrid y su entorno se tenga que pasar tiempo en juzgados defendiéndose, que por una vez tengan que ser ellos quienes tengan que proclamar su inocencia... o ser declarados culpables y pagar las consecuencias.
En cuanto a las relaciones con la prensa central lechera, éstas deberían haberse cortado hace mucho tiempo. Ni una sola entrevista, ni una sola declaración a esta gente que denigra sin venir a cuento, que ataca sin justificaciones ni pruebas. Ni una sóla palabra con ellos aparte de las preceptivas ruedas de prensa. E incluso en ellas, cuando sean los cavernarios los que pregunten, limitarse a monosílabos. A fin de cuentas, algo parecido pretendió hacer el "caballeroso" Mourinho con los que no le quisieron bailar el agua... por no hablar de que si no le apetece hablar, manda a su segundo a lidiar con la prensa. O sea, que ya saben de qué va la cosa.
¿Qué quieren que les diga? Si se hiciera lo mencionado en los dos párrafos anteriores, tendría uno más satisfacción que si nos limitáramos a una ruptura de relaciones sociales. Que, sí, que sería muy bonita para nuestro sentido de la estética e incluso para nuestra paz mental, pero que si no se hace algo más se quedaría en un paripé mediático.
¿Ruptura de relaciones, pues? Claro que sí, por qué no. Pero, a falta de esa quimérica ruptura total, que viniera acompañada de algo más. Algo realmente contundente. Que haga auténtico daño, mediáticamente hablando. Y que acabe con las campañas insidiosas, manipuladoras y tergiversadoras de una vez por todas.
Adeu i bona sort.
Pues bien, amén a eso.
Quiero decir, que me parecería genial. Una forma directa de decir a todo el mundo que no queremos nada que ver con ellos. Dignidad y honor por delante de todo.
Ahora bien, ¿qué supone realmente una ruptura de relaciones? ¿Sencillamente que las directivas ya no irían a comer juntitas antes de cada clásico, que ningún directivo rival pisaría los palcos de Camp Nou y Santiago Bernabeu? O sea, que en la típica y añeja postura infantil, ¿ya no "nos ajuntamos"?
O ¿pretendemos algo más? ¿Quizás el abandono de cualquier proyecto conjunto de ambas instituciones, la no participación en ningún negocio que compartan, incluso la oposición a cualquier iniciativa encabezada, o meramente apoyada, por el rival?
Puede que alguien se pregunte qué proyectos, negocios o iniciativas pueden compartir estas dos instituciones tan enfrentadas. Pues bien, hay uno evidente: el fútbol, un deporte devenido espectáculo y negocio del que ambos clubes son dos mascarones de proa. Posiblemente los más importantes, o casi. Pensar que una ruptura de relaciones evitaría que Madrid y Barça fueran juntos en negociaciones que les afectan y pueden beneficiar es una quimera.
Pensemos en los contratos televisivos, en los que ambos equipos deben defender juntos sus derechos frente a las reivindicaciones de los equipos humildes. Pensemos cómo reaccionarían ambos ante un hipotético tope salarial o de precio de traspasos, que también beneficiaría a los clubes con peor economía y perjudicaría indirectamente a los más poderosos. Pensemos en esa por muchos soñada, utópica por ahora, Liga europea, en la que no ir de la mano con los grandes (con Madrid, Barça, ManU, Milan, Bayern, etc.) implicaría quedarse fuera de juego en el negocio.
En los primeros años de la dictadura franquista, los gobernantes pretendieron una ruptura total con el gran enemigo, el bloque comunista. Ni acuerdos políticos ni económicos. En lo deportivo, España se negaba a participar en cualquier competición en la que participasen la Unión Soviética o instituciones de la misma. Hasta que el peso de la vida impuso su ley y se debieron abrir las fronteras en ese sentido. Mientras se le hablaba al sufrido españolito de las maldades de los "rojos", distinguidos gerifaltes y empresarios de la dictadura tenían sus negocietes con la odiada Rusia. Y paulatinamente España se iría incorporando plenamente al mapa deportivo mundial. De hecho, parte de los mayores éxitos del árido deporte español en aquellos años del tardofranquismo se conseguían, para éxtasis de la cúpula fascista, contra el ogro soviético: ahí están los triunfos del Real Madrid de baloncesto en un deporte en el que el bloque comunista en pleno tenía a grandísimos equipos, por no hablar de la Eurocopa de 1964, sí, la del gol de Marcelino en el Bernabeu, ante la URSS, frente al mejor portero de la historia, la araña negra, el gran Yashine, y en presencia ni más ni menos que del líder de la "cruzada", el minigeneralísimo Franco en carne y hueso de dictadorzuelo.
Lo que quiero decir es que cualquier "ruptura de relaciones", hasta la más radical, es imperfecta. El mundo, la vida, dicta sus órdenes, no las personas. Y hasta con el mayor de los enemigos tienes cosas en común que defender juntos. Incluso durante la guerra fría, mientras el planeta se encogía de miedo ante la posibilidad de un conflicto nuclear entre las dos superpotencias, éstas hacían negocios juntas y firmaban acuerdos políticos y económicos.
Por tanto, no pensemos que si se llegara a producir esa ruptura, cada equipo ignoraría olímpicamente al otro. En absoluto. Tienen demasiado en común, demasiados intereses compartidos. Lo cual no quita que, habiendo pasado lo que ha pasado, meramente observar la imagen de Rosell y Florentino comiendo en un restaurante en buena paz y compañía nos produzca urticaria, afecte a nuestro sentido de la estética y que por ello nos conformemos con esta ruptura de relaciones "sociales". Menos da una piedra.
Eso sí, si nos apañamos con este paripé, o incluso si no se produjera dada la hipocresía del mismo por culpa de todos los intereses compartidos... igual podría hacerse otra cosa. Algo incluso más satisfactorio. Un camino que se ha empezado tímidamente y que debería hacerse con todas las de la ley.
¿Acusan al Barça infundadamente de dopaje? Demanda que te crió. Cayendo quien deba caer, desde los periodistas implicados hasta la "fuente" de la directiva merengue. ¿Periodistas de pacotilla que insultan a los culés en general y los catalanes en particular? Toma ya demanda por atentado al honor. ¿Pseudoperiodistas y directivas que sin pruebas fehacientes acusan a jugadores culés de comportamientos racistas o xenófobos, de incitación a la violencia, de insultos a españoles, negros, blancos, azules o amarillos? Demanda al canto. Que el Madrid y su entorno se tenga que pasar tiempo en juzgados defendiéndose, que por una vez tengan que ser ellos quienes tengan que proclamar su inocencia... o ser declarados culpables y pagar las consecuencias.
En cuanto a las relaciones con la prensa central lechera, éstas deberían haberse cortado hace mucho tiempo. Ni una sola entrevista, ni una sola declaración a esta gente que denigra sin venir a cuento, que ataca sin justificaciones ni pruebas. Ni una sóla palabra con ellos aparte de las preceptivas ruedas de prensa. E incluso en ellas, cuando sean los cavernarios los que pregunten, limitarse a monosílabos. A fin de cuentas, algo parecido pretendió hacer el "caballeroso" Mourinho con los que no le quisieron bailar el agua... por no hablar de que si no le apetece hablar, manda a su segundo a lidiar con la prensa. O sea, que ya saben de qué va la cosa.
¿Qué quieren que les diga? Si se hiciera lo mencionado en los dos párrafos anteriores, tendría uno más satisfacción que si nos limitáramos a una ruptura de relaciones sociales. Que, sí, que sería muy bonita para nuestro sentido de la estética e incluso para nuestra paz mental, pero que si no se hace algo más se quedaría en un paripé mediático.
¿Ruptura de relaciones, pues? Claro que sí, por qué no. Pero, a falta de esa quimérica ruptura total, que viniera acompañada de algo más. Algo realmente contundente. Que haga auténtico daño, mediáticamente hablando. Y que acabe con las campañas insidiosas, manipuladoras y tergiversadoras de una vez por todas.
Adeu i bona sort.
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