Aviso a navegantes y correo

Esta es la bitácora de un culé. Así que verán ustedes mucha pasión blaugrana y aunque se pretenda ser objetivo, es posible que haya poca, por no decir nula, imparcialidad. También verán las neuras que acompañan al ser aficionado de un equipo, como son las puyas, sornas e inquinas contra los rivales.
Pero lo que también verán es respeto. No verán insultos ni descalificaciones. Visión sesgada, posiblemente. La paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, muy probable. Pero esto no deja de ser un juego y aquí no hay enemigos, sino rivales.
Por ello, aunque no he habilitado moderación de comentarios, para facilitar las cosas a los pocos visitantes que uno pueda tener, no dudaré en empezar a editar o incluso suprimir todo aquello que huela a odios irracionales e insultos y faltas de respeto innecesarios. No me molesta en absoluto perder visitantes que hagan del insulto su bandera. No hago este blog para engordar una lista de visitas. Escribo aquí para hablar de algo que me apasiona, el fútbol, con gente con la que se pueda discutir tranquilamente, incluidos los que no estén de acuerdo conmigo.
Tampoco se admitirá propaganda de sitios web, a no ser como enlace que ilustre alguna opinión sobre los posts enviados.
Que quede bien clarito.

Por lo demás, expresen en los comentarios sus opiniones, ruegos o quejas, o si lo prefieren, envíenmenlas aquí.

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"¿Hay algo peor para un madridista que presenciar este recital de fútbol?"

Feliciano López, tenista y madridista, 29-5-2011

(Uno que no es del sector mourinhista. Menos mal. Igual aún hay esperanza para ellos.)

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R.I.P. Wouter Weylandt

Eso. ¿Qué importa la muerte de un ciclista? Los aficionados al deporte ya tenemos nuestro pan y fútbol, nuestra buena dosis de escándalos, trampas, declaraciones altisonantes e insultantes, titulares ofensivos, quejas y lloros... ¿Qué puede haber de interesante en la muerte de un señor que forma parte de una hermandad de deportistas a los que les hacen meterse entre pecho y espalda doscientos kilómetros diarios, a traves de llanuras interminables, carreteras sinuosas de mal asfalto, adoquinado o tierra, cuestas imposibles, descensos, y jamás mejor dicho, mortales, a los que les hacen ganarse la vida bajo un sol implacable, o una lluvia pertinaz, o un granizo inclemente, o una nieve heladora, o un viento devorador?

Eso. ¿A quién carajo le puede interesar la muerte de un deportista que está permanentemente bajo sospecha de trampa, que debe demostrar su inocencia día a día, que malvive en un deporte que suspira por los patrocinios, que recorre el pelotón entre una maraña de hierros y tubulares llevando a sus compañeros agua, comida, consejos, y que además tiene que estar atento a que surja esa oportunidad difícilmente repetible de jugarse la vida en pos de una victoria esquiva, de un éxito fugaz, de unos euros escasos que además repartirá gustosamente con sus camaradas que tanto le han ayudado?

Eso. ¿Dónde está el glamour en la pérdida de un atleta que no viaja en autobuses o aviones de lujo, al que no asedian miríadas de periodistas en busca de la boutade, de las palabras insidiosas o escandalosas pasto de titulares, que no se aloja en hoteles de superlujo, que muy raramente tiene novias cantantes, o novias modelos, o novias actrices, o novias estrellas de la televisión para poder adornar el papel couché o los programas rosas?

Eso. ¿Para qué perder el tiempo hablando de tipos que no lucen bien en las fotos, porque no están musculados, porque sus rostros y piernas están afiladas por el sudor y las inclemencias meteorológicas, por la huella del asfalto donde demasiadas veces se estrellan, que no pueden lucir cuerpos serranos porque van ocultos tras cascos, rodilleras y coderas, gafas de sol... y que cuando los lucen no queda muy estético observar el contraste entre unas extremidades bronceadas por el sol y el resto de su anatomía blanco como la leche?

Eso. ¿A cuento de qué viene el preocuparse por un grupo de gente que son unos dopados, unos drogados, unos yonquis que no pueden tomarse ni aspirinas para apagar un maldito dolor de cabeza, porque eso les pondría bajo la mirada cruel de un público ignorante que les exige la perfección, que les exige el espectáculo de los rostros retorcidos en una sonrisa de dolor, del cuerpo inclinado sobre la bicicleta, del sudor cayendo a borbotones dejando un rastro de agonía sobre la carretera?

¿Quieren la respuesta a estas preguntas? Pues a su seguro servidor, y muchos más como yo, nos importa, nos interesa, nos preocupa, vemos el glamour del esfuerzo, perdemos el tiempo viendo sus hazañas y les acabamos perdonando sus veleidades con la farmacia una vez que cumplen sus sanciones porque sabemos lo qué implica el ciclismo, el más bello y sufrido de los deportes, el que más límites pone a la superación humana.

Y porque demasiadas veces hemos visto la sangre sobre la carretera, y a deportistas que se hunden en los abismos de la depresión o del olvido cuando su momento pasa. En mi caso, aunque estoy siguiendo el Giro de Italia en los escasos momentos libres que uno tiene estos días, me he negado a ver las imágenes de la caída del infortunado ciclista belga Wouter Weylandt porque mi mente tiene grabadas a fuego las imágenes de Fabio Casartelli tumbado sobre la carretera pirenaica, o la de Juan Manuel Santisteban en la ruta italiana. Porque he visto las fotos de Reimund Dietzen tirado en el suelo de un túnel sin iluminación; y las de Tom Simpson asesinado por un coctel mortal y el sol despiadado del Mont Ventoux; he visto imágenes de Ocaña retorcido en el suelo del Col de Mente, o de Joseba Beloki... y ya he visto suficiente.


La muerte de Weylandt debe importar a cualquiera que admire al deporte por encima del espectáculo que le rodea. Y que cuando volvamos a intentar disfrutar de otros deportes menos mortales, menos sacrificados, más de prensa del corazón, nos lo pensemos dos veces, o tres, antes de despreciar a este grupo de gente que se juega la vida a diario, muchas veces para ser tachados de tramposos o tratados incluso como el peor de los delincuentes.


Wouter Weylandt, descansa en paz. Y ¡viva el ciclismo!


Adeu i bona sort.


Addenda: sí, ya sé que hoy el Barça puede proclamarse campeón de Liga. Pero, ¿saben una cosa? En este momento sí que me importa un carajo. Mañana, más calmado, hablaremos de ello.

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