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Prensa general
Una Liga ante el mejor rival, ante el peor enemigo
12.5.11 | Publicado por
jordiasturies |
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(Nota: volvemos a encontrarnos en la
incoherencia de hablar de algo tan frívolo como la alegría que da el fútbol
mientras, esta vez a muy poquitos kilómetros, a la puerta de casa como quien
dice, vuelve a reinar la tristeza y el dolor. Vaya desde aquí nuestra
solidaridad y apoyo a las gentes de Lorca, de Murcia, que acaban de sufrir los
embates de esta naturaleza, este viejo planeta que se empeña en recordarnos que
no somos sus dueños, sino que lo tenemos arrendado, y que estamos a merced de
sus veleidades y deseos. Ánimo, pues.)
El
Barça acaba de conseguir su tercer título de Liga consecutivo, certificando una
época gloriosa en la historia del club. Poco hay que decir sobre el partido
ante el Levante en sí, que fue aburrido y que adoleció del conformismo de los
dos equipos, que, a medida que pasaba el tiempo, se veían satisfechos con el
resultado y optaron por arriesgar lo menos posible. Sólo animaron el cotarro
los goles, en un cabezazo soberbio de Keita o en una pillería de Caicedo al
aprovechar un despiste de Piqué (pero recibiendo el levantinista un premio que
compensaba alguna otra ocasión perdida), sumados a dos jugadas eléctricas de
Messi, que se inventó huecos imposibles por donde pasar para acabar fallando o
teniendo mala fortuna.
Eso
sí, el aburrimiento se veía contrarrestado por la pasión y la alegría que
suponía para unos acercarse más a su objetivo de permanecer en Primera División
y, sobre todo, para nosotros el sumar un nuevo título: el más importante desde
el punto de vista cualitativo, el que certifica que eres realmente el mejor.
Esta
Liga se ha conseguido contra el peor de los enemigos. Y no, no me refiero
a ese Real Madrid que ha forzado al Barça, por segundo año consecutivo, a sacar
lo mejor de sí mismo. A ese Real Madrid que sí, se ha acercado un poquito más
al equipo blaugrana, aunque siga a su rebufo. Ya saben que lo que hay entre
los dos grandes, o debería haber, es rivalidad (enconada si quieren), dirimida
en el terreno de juego, pero no enemistad. Aunque este año haya sospechas de
extraños movimientos en las alturas merengues, o que la rabia e impotencia de
algunos jugadores merengues les haya llevado a declaraciones irracionales, o
que el responsable técnico del club haya practicado una guerra de guerrillas
desde las salas de prensa...
No,
me refiero a un enemigo de verdad, y con todas las letras. Un enemigo, además,
en absoluto gallardo o respetuoso de las leyes no escritas en el combate. Un
enemigo rastrero, manipulador, traicionero. "Peor" en el sentido
literal de la palabra.
Ya
saben a lo que me refiero, ¿verdad? La "entrañable" Brunete
mediática, rebautizada luego como la caverna y este año como la central
lechera. El Barça no sólo ha tenido que pelear con rivales en el terreno de
juego, que sería lo lógico y normal. No, este año se ha enfrentado a toda la
maquinaria mediática madridista, con sus fotos sibilinamente escogidas, con sus
vídeos "víctimas de errores infográficos", con sus insidiosos
titulares, con sus acusaciones infundadas. El acoso e intento de derribo que
empezó la temporada pasada se ha hecho en los últimos nueve meses virulento
hasta la extenuación, hasta el punto de que ha hecho estallar, y en ocasiones
sacar de sus casillas, a miembros de la plantilla y cuerpo técnico culé.
A
este enemigo ha respondido el Barça como tenía que hacerlo. Sin violencia ni
estridencia. No demos pie a los cenutrios impresentables que hay en todos los
ámbitos, también, por desgracia, en el nuestro. El Barça ha respondido ganando
sobre el terreno de juego, motivado por cada uno de los exabruptos de una
prensa vil y mezquina (con las excepciones individuales que todos conocemos,
escasas ovejas blancas en un rebaño de ovejas negras).
Así
que este título sabe aún mejor. Por ser el tercero consecutivo. Porque
demuestra que el ciclo continúa. Porque se ha ganado ante un rival de
grandísima calidad. Porque nuestros jugadores han probado que el éxito no les
sacia, que pueden emborracharse con él pero que la resaca pasa pronto y
enseguida vuelven a tener ganas de embriagarse de nuevo. Porque la llegada de
un nuevo presidente, para variar, no ha supuesto una ruptura con el modelo y el
estilo, y ese mérito también hay que atribuírselo. Porque se han superado
momentos malos de lesiones, enfermedades crueles o el cansancio atroz que suele
aparecer tras una temporada tan intensa como fue la del Mundial. Porque se ha
sacado oro de una plantilla no tan bien renovada en algunos puestos como era
esperable. Porque seguimos teniendo a un entrenador de campanillas... no sé si
el mejor del mundo, pero desde luego el mejor para nuestro Barça, que es lo que
cuenta de verdad.
Y
sobre todo, porque se ha demostrado que las campañas mediáticas más vulgares y
odiosas no sirven cuando eres fuerte mentalmente. Y, que quieren que les
diga... estoy dispuesto a felicitar a los jugadores madridistas y los
aficionados merengues de buena fé y educación por haber realizado una buena
campaña que les habría hecho campeones... de no ser porque hubo un equipo
mejor. Estas cosas pasan.
...pero
lo que queda claro es que a la mayoría de los culés nos sienta todavía mejor
este triunfo cuando pensamos en los rostros convulsos y agrios de los Inda,
Roncero, Esteva, Sauca, Relaño, Hernaez, Guasch y todos los representantes de
la caverna mediática madridista, y también en los de aquellos seguidores
merengues que elijan creerse sus artículos, crónicas, editoriales o comentarios
como artículos de fé.
Lo
dicho. Se ha ganado ante el mejor de los rivales, pero también ante el peor de
los enemigos.
Y
ahora, a preparar bien esa final de Wembley que puede ser la guinda a un pastel
muuuy dulce. Pero el trabajo más importante ya está hecho.
Felicidades
a todos los culés.
Adeu
i bona sort.
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