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Esta es la bitácora de un culé. Así que verán ustedes mucha pasión blaugrana y aunque se pretenda ser objetivo, es posible que haya poca, por no decir nula, imparcialidad. También verán las neuras que acompañan al ser aficionado de un equipo, como son las puyas, sornas e inquinas contra los rivales.
Pero lo que también verán es respeto. No verán insultos ni descalificaciones. Visión sesgada, posiblemente. La paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, muy probable. Pero esto no deja de ser un juego y aquí no hay enemigos, sino rivales.
Por ello, aunque no he habilitado moderación de comentarios, para facilitar las cosas a los pocos visitantes que uno pueda tener, no dudaré en empezar a editar o incluso suprimir todo aquello que huela a odios irracionales e insultos y faltas de respeto innecesarios. No me molesta en absoluto perder visitantes que hagan del insulto su bandera. No hago este blog para engordar una lista de visitas. Escribo aquí para hablar de algo que me apasiona, el fútbol, con gente con la que se pueda discutir tranquilamente, incluidos los que no estén de acuerdo conmigo.
Tampoco se admitirá propaganda de sitios web, a no ser como enlace que ilustre alguna opinión sobre los posts enviados.
Que quede bien clarito.

Por lo demás, expresen en los comentarios sus opiniones, ruegos o quejas, o si lo prefieren, envíenmenlas aquí.

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"¿Hay algo peor para un madridista que presenciar este recital de fútbol?"

Feliciano López, tenista y madridista, 29-5-2011

(Uno que no es del sector mourinhista. Menos mal. Igual aún hay esperanza para ellos.)

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Tengo un pálpitu

Tengo un pálpitu
Pa echáse unes rises... si fante ilusión les olimpiades n'Asturies, clica la imaxen, oh...
Foto Reuters, en L'Equipe
Cuando acaba la temporada, a falta de fútbol, bueno es el tenis. O el ciclismo. Son los deportes "de verano", los que suplen, en mayor o menor manera, el ansia competitiva del sillónbolista, de ese aficionado que necesita olvidarse por breves momentos de la realidad mediocre que le rodea y sublima sus ilusiones en el que un deportista gane o demuestre su calidad. Con Roland Garros se da la señal de salida para este momento; luego llegará Wimbledon, y el Tour de Francia, y a poco que te descuides ya te metes en agosto y el comienzo de la competición oficial futbolera.

Para el que esto suscribe todo empezó con Borg, en tenis, y Merckx, Ocaña y Fuente en ciclismo. Con ellos descubrí que había vida deportiva más allá de esos Sporting de Gijón y Barça que como tierno infante uno adoraba de septiembre a junio. Luego vendrían otros: McEnroe, Wilander, Edberg, Agassi, Federer, Delgado, Indurain, Pantani, Armstrong... gente que hacía que me levantara del asiento en las rutinarias y relajadas tardes estivales. Gente de la que apreciaba su esfuerzo, su talento, su contribución a enaltecer y exaltar bellos y sufridos deportes.

Y ahora está Nadal, con el que por el momento se cierra el círculo de mis deportistas favoritos del noble deporte del sillónbol. El mallorquín acaba de igualar el record del sueco sobre la arcilla de París y, como digo, entramos en circuito cerrado.

Porque veo en Nadal una reproducción de Borg, una mímica de las razones que a uno le engancharon al tenis. Hay diferencias, claro. Uno jugaba a ritmo de vinilo y el otro lo hace a ritmo de mp3. Pero la esencia, la música, esta ahí, es la misma. Los dos tienen un estilo que estira las virtudes del tenis, que libera a este deporte de la dictadura del saque-volea y el partido decidido en la red.

Que, ojo, es otro estilo en absoluto desdeñable, y ha deparado partidos y tenistas espectaculares. Pero de goce breve. Que los partidos así duran poco, vaya. Un partido de Borg, antes, y de Nadal, ahora, suponía, supone, una entrada mágica a una feria del tenis, a una exhibición de los recursos que este deporte plantea. Que si empiezas con el saque más colocadito que potente, que si llevas al rival de un lado a otro de la pista sin darle oportunidad de que desarrolle un juego de ataque, volea lejana por aquí, globo liftado por allá, allá que te coloco este revés a dos manos, cuidadito con bajar la guardia que cuando estés maduro para caer te envío ese passing-shot que te deja fuera de juego, o cuando estés atrás confiado en mi bola larga, aparece ese latigazo en forma de dejada que te convierte en estatua...

Así jugaba Borg, así juega Nadal. Para ello necesitaban de una puesta física a punto irreprochable, claro. Agazapados en la línea de fondo, necesitan fuerza para moverse de un lado a otro, y de atrás hacia adelante. Pero frente a los que les acusan de "pasabolas" (si, la historia se repite tanto, que también oí en su momento como había quien se atrevía a denigrar al sueco con tal epíteto), ellos responden con toda una panoplia de recursos tenísticos.

Es verdad que es un tipo de juego que, en porcentaje, no tiene tantos golpes ganadores como un juego más ofensivo y directo. Es verdad que los datos sobre "errores no forzados" aumentan. Lo reconozco. Pero ante eso yo digo que de errores "no forzados", nada de nada. El rival comete esos errores en su mayor parte por la presión que supone enfrentarse a estos tenistas, el saber que no vas a poder desarrollar tu juego más directo, o que para poder hacerlo vas a tener que adaptarte, primero, y luego rondar la perfección. Es como una partida de ajedrez: la juegas en el tablero y también en tu mente.

Vaya por delante que mi tenista ideal, el que mejor ha visto uno jugar, el más elegante y a la vez físico, ha sido Roger Federer. Pero tal concepto idealista no le convierte en mi tenista favorito. Federer es un maestro en el saque-volea, y busca siempre acabar los partidos rápido. Con talento e imaginación, que duda cabe. Algo parecido a lo que pretendían otros tenistas a los que uno admiró, como McEnroe o Edberg. Todos ellos tambían supieron adaptarse a juego más lento como el de la tierra batida (bueno, el americano algo menos...).

Sin embargo, no son ni Borg ni Nadal, que puede que técnicamente, siendo muy buenos, no lo fueran tanto como los anteriormente citados, pero que me hicieron, me hacen, disfrutar mucho más. Porque, lo vuelvo a repetir, un partido con Borg antes, y con Nadal ahora, es una oda a todo lo que el tenis puede ofrecer, no sólo a un tipo de juego concreto. La prueba es que ambos jugadores sacan lo mejor del rival también, ganaran o perdiesen. Borg y McEnroe protagonizaron en 1980 y 1981 dos finales portentosas de Wimbledon, con una victoria para cada uno. Nadal y Federer repitieron algo similar en 2007 y 2008, con idéntico resultado.

Por todo ello, vaya mi  homenaje a estos cuatro grandes tenistas, y a todos los que han dignificado el noble deporte del sillónbol... digo, el tenis, para solaz de mi espacio veraniego. Y gracias a Borg, por empezarlo todo, y a Rafa Nadal, por continuarlo.

Adeu i bona sort.

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